El apego se define como una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección.

El vínculo de apego suele aparecer en torno al año y suele darse entre un niño o niña y sus progenitores/cuidadores. Existe la posibilidad de que la figura de apego cambie a lo largo de la vida. Cada relación de apego tiene sus características específicas, dado que algunos factores como la edad o la interacción tienen mucha influencia.

Las personas necesitamos crear vínculos de apego para crecer, para obtener seguridad y una autoestima sana. La forma en que se construye ese vínculo va a determinar en gran medida la felicidad que nos proporcione.

Sin embargo, no todos los tipos de apego son adecuados o saludables. Algunos de ellos, en lugar de aportar confianza, nos ofrecen emociones negativas que nos afligen.

En las relaciones de pareja existen tres diferentes tipos de apego:

El apego ansioso

El apego ansioso es aquel que genera nerviosismo en una parte de la pareja cuando el otro se aleja, así sea solo para una cena de negocios, una reunión familiar, o simplemente situaciones de la vida cotidiana. Algunas de las características que muestran son las siguientes:

  • Necesitan muestras de amor casi constantes, como si nos viésemos obligadas/os a tener que demostrar que seguimos queriéndolos. En ocasiones, incluso, el acto sexual es casi como una manifestación de “propiedad” que de verdadero cariño.

  • Están muy pendientes de las reacciones del otro. Se preocupan por cosas sin importancia, imaginando que algo malo ocurre en la relación y que esto puede causar el termino de la relación.

  • Cambian muy fácilmente de humor. Por momentos su pareja puede ser lo mejor de su vida, así como al instante, se pueden mostrar apáticos y desconfiados, como si se les hubiera  hecho algo negativo.

  • Usan la manipulación emocional como arma más sutil y efectiva. Ahí donde ejecutar su voluntad mediante el chantaje, mediante los “ultimatums” de todo o nada, o incluso, haciéndose las víctimas para conseguir sus propósitos.

El apego distante

Las personas que se caracterizan por un apego distante o frío, entienden las relaciones afectivas de un modo diferente a lo que es habitual, o lo que otros esperan. No necesitan cercanía, demandan espacio personal y no son muy expresivos emocionalmente.

Esto no significa que no haya afecto, se trata, simplemente, de que su forma de hacerlo, no corresponde con la del otro. Son distantes y apenas necesitan de ese vínculo cargado de afecto y cariño, lo cual ocasiona un gran sufrimiento en la pareja. Algunos rasgos que muestran son los siguientes:

  • No saben interpretar las emociones de la pareja. Apenas disponen de empatía y tampoco identifican las necesidades que la otra persona pueda tener.

  • Necesitan siempre su propio espacio. Espacio físico y espacio personal. Si en algún momento su pareja sobrepasa ese límite, se sienten muy molestos, dolidos e incluso, traicionados, como si fuéramos incapaces de comprenderles. Mientras que ellos, lo que no ven es el sufrimiento del otro.

  • Suelen preferir la soledad. De ahí que habitualmente eviten los compromisos serios y prefieran las relaciones esporádicas.

  • El que sean fríos/as no quiere decir que no tengan necesidades emocionales. Simplemente, optan por reprimirlas.

  • Son personas que además, tienen su propio concepto de cómo deben ser las relaciones afectivas.

El apego seguro

Las personas que edifican su relación de pareja basada en un tipo de apego seguro, son las que más estabilidad y enriquecimiento afectivo y personal suelen conseguir, algunas de las características que muestran son:

  • El apego seguro se basa en la confianza mutua. En ser una persona madura, equilibrada y segura de sí misma que no tiene miedo al compromiso y que cuenta con un proyecto de futuro con la persona que ama.

  • No manifiesta celos excesivos. No tiene la necesidad de controlar a la pareja porque confía en ella.

  • Son personas que también ven necesario disponer de su propio espacio personal, pero dan de sí mismas para construir uno propio en pareja, a la vez que permiten que su compañero/a disponga del suyo. Respetan, saben construir y a su vez, comprenden la importancia de tener un proyecto. De hacer equipo.

  • Saben dialogar y discutir con respeto. Comprenden que las diferencias, son habituales en toda relación de pareja, pero saben ceder para aunar puentes, para llegar a acuerdos de modo democrático.

  • No manipulan, no hay egoísmos. Saben escuchar y no crean desconfianzas, sino que se preocupan diariamente en conseguir acuerdos: en cuidar de la persona que aman.

Lo más saludable sin duda es que estableciésemos con nuestra pareja un apego seguro. Pero en realidad, todos tenemos unas pocas pinceladas de estos 3 tipos de apego, lo importante es distinguirlos, aceptarlos para después poder modificarlos y sanar la forma en que nos vinculamos en pareja.

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