Límites en los niños

Los niños necesitan que los padres pongan límites para que ellos puedan crecer respetando a las otras personas. Al poner límites les protegemos de muchos de los riesgos de la vida actual, como las adicciones o los comportamientos delictivos, puesto que les enseñamos a cumplir unas normas, un orden y un respeto, siempre desde el afecto y la congruencia.

Poner límites a los niños es importante, no solo porque así la convivencia es más armónica sino también porque los niños son los primeros interesados y beneficiados de que se les marquen unas normas que, además de infundirles seguridad, les van a permitir adaptarse mejor a las normas y límites sociales en su vida social y adulta.

Un límite es una frontera que contiene la conducta de alguien, permite delimitar, organizar y proteger; son importantes para su desarrollo y evolución ya que les aportan seguridad y protección

Lo que se limita es la conducta no el sentimiento de tal manera que no afecten el respeto y la autoestima del niño.

Se trata de poner límites sin que el niño se sienta, humillado, ridiculizado o ignorado.

Los límites deben ser:

1.- Claros

Debemos asegurarnos que las entiendan o difícilmente las cumplirán, centrándonos en lo que queremos que haga o deje de hacer, es decir en la conducta, en cuestión, no en la actitud o en la valía del niño Por ejemplo, si el niño nos interrumpe cuando estamos hablando con otra persona habría que decirle “Espera a que termine de hablar” o “No me interrumpas cuando hablo con otra persona”, en vez de “No seas pesado” o “Compórtate como un niño mayor”.

2.- Concretos

Es decir ir al grano: A la hora de establecer el horario de llegada a casa de un adolescente habría que concretar, por ejemplo: “Vuelve a casa antes de las 10 p.m.” No sería adecuado el mensaje “Vuelve pronto” o “No llegues tarde”. Si pensamos que el adolescente puede saltarse la norma sería bueno el recordarle la consecuencia: “Ya sabes que si llegas más tarde de las 10 el próximo sábado no podrás salir”.

3.- Cumplidos

Hay que ser constantes con las normas y consecuentes con las decisiones tomadas: las órdenes que nunca se cumplen, los castigos que olvidamos, etc. provocan una pérdida de autoridad y le confunden.

4.- Consistentes

Un límite es firme si siempre lleva aparejada la consecuencia. La consistencia es el punto más importante del establecimiento de límites: cuando el niño sabe que siempre sus padres actúan como han acordado, tendrá en cuenta la norma y la respetará.

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